4 ventajas y un contra de las casas prefabricadas

Tasación ECO

Poco a poco, las casas prefabricadas se están convirtiendo en una alternativa real a la vivienda de cemento y ladrillo por su precio, sostenibilidad, entrega rápida y adaptación. Sin embargo, tienen una desventaja. Te contamos todo sobre las viviendas prefabricadas.

Casas prefabricadas

Alberto Arcones, gestor en el departamento Técnico y Validación de Alia Tasaciones

Hace unos meses y en tan solo dos días se agotó una casa prefabricada de madera en Amazon de menos de 17 metros cuadrados y por unos 8.000 euros. Es un botón de muestra del boom de este tipo de vivienda que ya despertó interés en la crisis inmobiliaria de hace más de una década y que ahora, con la pandemia, ha vuelto a acentuarse la demanda dado su coste y su sostenibilidad.

Qué es una casa prefabricada

Lo primero de todo es conocer que una casa prefabricada o modular, se construye en una fábrica y posteriormente se transporta en una sola pieza o dividida para ser ensamblada y anclada en un suelo. Existe una variante llamada casa móvil o mobile home, que es aquella vivienda rodante, como podría ser una autocaravana, que se puede transportar con facilidad y que no se fija al terreno.

Ventajas de las viviendas prefabricadas

Podemos identificar cuatro bondades de este tipo de hogar.

Sostenibilidad

Las casas prefabricadas responden a los nuevos hábitos de vida y consumo que ha traído la Covid-19. De un lado, por seguridad preferimos vivir en la periferia que en las concentradas urbes; de otro, hay una mayor conciencia por el cuidado del medioambiente. Sin duda, la eficiencia y la sostenibilidad son unas de las bazas competitivas de estas viviendas industrializadas frente a las tradicionales, ya que están fabricadas con madera, hormigón o materiales reciclables. Algunos, incluso, tienen una huella de carbono negativa, lo que hace que el impacto medioambiental sea muy inferior al de las construcciones de ladrillo y cemento. Asimismo, hay menos perdidas de material y el tiempo de construcción es menor, lo que incide en el menor consumo energético. Por otra parte, al estar fabricadas en una nave, no es necesario el ir y venir de camiones con material, lo que reduce la contaminación ambiental.

Precio

Las casas prefabricadas se están convirtiendo en una alternativa real a la vivienda tradicional, dado el alto precio que ha alcanzado esta última. El ahorro en materiales, maquinaria y en mano de obra consiguen que una casa prefabricada sea mucho más barata. Dependiendo de los materiales, se pueden encontrar viviendas a partir de 30.000 euros. Si bien, hay que añadir el coste del suelo donde se desee anclar (nos detendremos más abajo en los trámites del terreno).

Por otra parte, este tipo de viviendas pueden ser igual de funcionales y duraderas que una casa tradicional, siempre que sus materiales y la construcción de los mismos hayan sido de calidad.

Entrega rápida

La rapidez con la que se construye una casa prefabricada desde que se planifica hasta la entrega de llaves es otra de las grandes ventajas. En el caso de las viviendas modulares, al estar formadas por módulos que van encajados y ensamblados, el tiempo de preparación es mucho menor, ya que las piezas se fabrican a la vez. De tal manera que nos podemos estar planteando una media de 6 a 9 meses frente a los 18 de una obra nueva de ladrillo.

Adaptación

Como hemos comentando, en el caso de la vivienda modular se puede ir construyendo poco a poco e ir incorporando módulos según las necesidades de su/s habitante/s.

Contra

Hay un aspecto a favor de las viviendas tradicionales y es la personalización del hogar. Así, el potencial comprador de una prefabricada no tiene las posibilidades de diseño y adaptación a su gusto que la de ladrillo. Las empresas suelen aportar al cliente un catálogo diseños limitados y cualquier modificación supone un importante sobrecoste.

La vivienda modular se sitúa en un punto intermedio entre ambas. El arquitecto al que hayamos encargado el diseño de la vivienda hará un proyecto personalizado, aunque con alguna pequeña limitación o adaptación de tamaño y forma.

Sin duda, la vivienda construida de manera tradicional es la que ofrece mayores posibilidades en cuanto a libertad de diseño y personalización. El método constructivo tradicional es muy “artesanal”, no está industrializado, como la prefabricada. Los materiales llegan a obra y se van uniendo unos a otros, lo que permite, no solo una gran libertad para el diseño del proyecto, si no también que se puedan realizar modificaciones sobre la marcha, lo cual, cuidado, puede tener consecuencias negativas, como los sobrecostes o los errores de ejecución.

Terreno

Como anteriormente hemos indicado, el suelo es un elemento clave y que, en muchas ocasiones, se convierte en el gran problema de los compradores de este tipo de viviendas. El cliente debe conocer las características físicas, jurídicas y urbanísticas del terreno que va a comprar. Y es que, para empezar, el suelo ha de ser edificable.

Por otra parte, a nivel topográfico, que la parcela sea llana, facilita y abarata el proyecto. Se necesita tener los planos de la misma, las escrituras de la propiedad, así como el certificado urbanístico del Ayuntamiento donde se acredita que se permite la construcción.

En el caso de una vivienda modular, el cliente deberá contar con un proyecto visado por arquitecto, que deberá ser presentado en el Ayuntamiento. Con este documento se solicitará la licencia urbanística de obras, permiso que emite la Administración local para la realización de la construcción.

Como en cualquier obra, una vez que esté construida la vivienda habrá que solicitar la licencia de primera ocupación o presentar la declaración responsable de ocupación, lo que sirve para que nos puedan dar el servicio de los suministros.

Por lo tanto, las casas prefabricadas se convierten en una alternativa ocupacional sostenible, rápida, versátil y que genera un importante ahorro, no solo en la compra, sino también en el posterior consumo energético. De este modo, se presenta como una solución para los jóvenes, para quienes el mercado de la vivienda está prácticamente cerrado por la precariedad laboral. Y, como avanzábamos, también es una solución alejada de las urbes, en un entorno rural, que ahora, con la pandemia, está en alza.

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