Los cinco métodos más habituales para valoración de empresas: ¿cuál utilizar en tiempos de coronavirus?

La crisis sanitaria provocada por la pandemia del Covid-19 ha hecho que el valor de todo esté en cuestión. Una fiel redimensión de la actividad a partir de una valoración actualizada del negocio proyectada a futuro, puede ayudar a tomar decisiones estratégicas para la viabilidad empresarial o, incluso, para aprovecharse de nuevas oportunidades.

 


 

Pablo Ferreras, MRICS y director de Negocio y Estrategia de Alia Tasaciones

Nos encontramos en una situación en la que seguro que nuestra escala de valores ha cambiado. Probablemente, muchos de nosotros hoy valoramos cuestiones intangibles que hace unas semanas apenas otorgábamos valor alguno. Desde aspectos relacionados con el buen estado de la salud, hasta dar por hecho que siempre encontraríamos llenos los lineales de los supermercados.

El impacto del coronavirus sobre bienes, no solo intangibles, sino también tangibles, ha hecho  mella sobre prácticamente todo el tejido empresarial, a excepción de alimentación,  farmacia, mensajería y todos aquellos que hayan adaptado su producción a las nuevas necesidades del país. Y así, de un día para otro, la crisis sanitaria ha hecho que el valor de todo esté en cuestión, para bien o para mal. El segmento empresarial está inexorablemente vinculado a la ley de la oferta y la demanda, por lo que acusará este revés en mayor o menor medida.

Por citar algunos ejemplos de impacto positivo, el de una compañía dedicada a la impresión digital e instalación de soportes publicitarios que ha reconvertido su actividad con la fabricación de mamparas, el del laboratorio farmacéutico que ahora está produciendo test para la detección de la enfermedad de Covid-19 o el de comercios de barrio que gracias a la última milla ahora han visto cómo sus ventas se han disparado.

Una proyección objetiva planteando escenarios hacia adelante a partir de una valoración de los activos de la empresa, de una fiel redimensión de la actividad a partir de una valoración actualizada del negocio proyectada a futuro, puede ayudar a tomar decisiones estratégicas para la viabilidad empresarial o, incluso, para aprovecharse de nuevas oportunidades que se presenten por la coyuntura, especialmente en los momentos que vivimos, donde el desafío es ser capaces de anticipar cambios de hábito en los consumidores o repuntes en la demanda.

Sin duda, esto aplica también a aquellas empresas que acusen una severa caída de volumen de negocio o se vean abocadas al cierre de ciertas actividades.

Del mismo modo, de cara a posibles operaciones de compraventa, financiación bancaria, ampliaciones de capital, reestructuraciones de deuda, fusiones y/o adquisiciones (M&A) o fiscalidad también es clave afrontar una nueva valoración de los activos, tanto tangibles como intangibles, de la empresa. Incluso en aquellos casos en los que un socio decida desinvertir y quiera cuantificar el valor de su participación o, viceversa, para la entrada de un nuevo inversor.

Por otra parte, según la finalidad de la valoración y las partes intervinientes, la base de valor a emplear puede ser diferente y en función de ello, el resultado final ser distinto. Así, por ejemplo, no es el mismo el caso de un empresario que decide vender su fábrica porque los costes que le ha acarreado la pandemia le abocan al concurso de acreedores (valor de liquidación forzosa), ya que estará dispuesto a rebajar el valor con tal de venderla, que el de otro que ve una oportunidad de ampliación de negocio y diversificación de servicios al adquirir un negocio colindante que le permite incrementar oferta (valor de sinergia o valor de inversión, dependiendo del caso exacto).

Cómo valorar una empresa

Llegados a este punto, ¿cómo valoramos una empresa? ¿Qué métodos de valoración son los más habituales? ¿Cuál nos conviene utilizar ahora?

A la hora de valorar una empresa estos son cinco de los métodos de valoración más empleados:

  • Descuento de los flujos de caja (enfoque de ingresos). Es el método generalmente más aceptado para valorar una empresa. Se calculan los flujos netos de caja esperados en los próximos ejercicios (cinco, por lo general) y se estima el valor residual al final del periodo. Asimismo, se aplica una tasa de descuento adecuada a partir de varias primas de riesgo (debidas al país, al sector o a la propia empresa). La principal ventaja de este método consiste en su estrecha relación con el objetivo del empresario: obtener beneficios futuros. Su principal inconveniente, la subjetividad que requiere la estimación de esos flujos futuros. Y más ahora con la incertidumbre en la que nos movemos para poder ser capaces de elegir el escenario más realista que se pueda dar y que sea reconocido y asumido por todos los stakeholders.
  • Múltiplos comparables (enfoque de mercado) en la que se utilizan parámetros de comparación de transacciones de empresas similares, tanto en sector como en tamaño. El inconveniente es que no siempre se dispone de dichos datos comparativos, y ahora además, aunque los tengamos, su utilización en un contexto tan estresado y extraordinario supone introducir una subjetividad adicional no sabiendo lo que nos deparará el mercado en cuestión.
  • Valor neto contable, por el que se valora la empresa por la diferencia existente entre la suma del valor contable de su activo real y la suma del valor contable de su pasivo exigible. La ventaja de este método es que se basa en datos objetivos, procedentes directamente del balance. No obstante, no tiene en consideración la posible existencia de plusvalías o minusvalías latentes, ya que, por ejemplo, obvia las rentabilidades presentes y futuras, que ahora es fundamental para afrontar lo que venga
  • Según el valor liquidativo, la empresa se valora por el importe neto que resultaría en el supuesto de liquidación, lo que requiere una estimación del valor de sus activos y una cuantificación de sus pasivos, lo cual lleva al inconveniente de la subjetividad que se ha multiplicado exponencialmente al vivir una situación nueva y a nivel global.
  • Capitalización del beneficio. Utiliza el beneficio obtenido en el último ejercicio. El inconveniente de este método es que proyecta hacia el futuro la rentabilidad presente, de modo que la tasa de actualización escogida influye significativamente en el valor resultante. El problema es cuando esa tasa incluye una prima libre de riesgo que no es fácil de fijar objetivamente en medio de esta crisis que afecta a todo el equilibrio económico global.

 

Lo más habitual es emplear una combinación de varios métodos de valoración, como suele ser la aplicación del método de descuento de flujos de caja junto al de múltiplos comparables, y eso no cambia con respecto a la situación que estamos viviendo. Lo que sí se modifica es la posibilidad de darle especial atención a la proyección de los negocios en base a escenarios que podamos ir poniendo sobre la mesa de forma objetiva y realista en función del potencial propio del negocio, pero sobre todo de sus intangibles (valor de la marca, del fondo de comercio, licencias, patentes, etc.).

Así pues, ahora mismo es muy importante la correcta aplicación de la metodología de valoración a cada caso específico, así como la adecuada interpretación de los resultados obtenidos y de esos escenarios y proyecciones que podamos plantear en los métodos que lo requieren, motivo por el cual es conveniente acudir a profesionales con amplios conocimientos y experiencia en cada técnica de valoración. Profesionales con una visión objetiva e independiente, no siendo intermediarios en las posibles operaciones que se puedan generar a raíz de la valoración.

En Alia|tasaciones incluimos adicionalmente, nuestro conocimiento específico del mercado financiero/inmobiliario en estos momentos de tanta incertidumbre. Así que, ahora, más que nunca, nos vemos capacitados para contribuir a ayudar a las compañías a su continuidad valorando empresas y negocios  con un enfoque ajustado al nuevo entorno que viviremos cuando venzamos a la Covid-19.

 

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